28 de Diciembre
Las gotas se deslizan por las mejillas, por los labios, recorren el cuello esquivan la protección ingenua de los abrigos, el frío llega profundo, te consume (más que el fuego), te atiere, te encoge.
El frío te besa, el vacío te abraza, para que el tiempo continúe fluyendo, para que no dejen de caer los granitos de arena del enorme reloj de tu existencia, para que todo discurra, y el mundo de los otros sea enormes edificios que se alzan a tu alrededor, con cristales brillantes infranqueables, miras tus pies, piel mojada tras capas de lana y algodón y botas marrones. Tras eso, granito gris mojado, sucio sustenta tu cuerpo sobre la tierra.
Odio el frío, odio el gris y las cabezas bajas, inocentes y culpables, andando por la calles.

